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Political Rope-a-Dope: La defensa de Donald Trump ante la amenaza del juicio político

Political Rope-a-Dope: La defensa de Donald Trump ante la amenaza del juicio político

Desde que Donald Trump se convirtió en presidente, los demócratas han evaluado la posibilidad del juicio político (impeachment) como una vía para prevalecer en 2020.

El operativo comenzó con la investigación acerca de sus lazos con el gobierno de Vladimir Putin y la posibilidad de que Rusia interfiriera en las elecciones presidenciales de 2016, a solicitud de su equipo de campaña. Todo apuntaba a que el mandato de Trump sería breve, pero el fiscal especial, Robert Mueller, esfumó las esperanzas de cualquier iniciativa congresional para remover al Don.

Mientras los republicanos aprovechaban la perturbación colectiva que provocó el testimonio de Mueller para avanzar con su agenda de revalidar en 2020, los demócratas todavía pateaban la lata, preguntándose ¿“Y ahora, qué”?

Dicen que la  esperanza es lo último que se pierde, y gracias a un héroe anónimo, la fortuna parecía sonreírle a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

Según declaraciones de un informante (whistleblower), durante una llamada telefónica, Donald Trump condicionó la ayuda militar al gobierno ucraniano de Volodímir Zelenski a cambio de que Ucrania investigara los vínculos del hijo de Joe Biden, Hunter Biden, con la empresa de gas natural Burisma Holdings.

Hasta ahora el señalamiento en contra  de Trump se resume en que incurrió en conducta indebida al chantajear a Zelenski para que indagara en los negocios de su potencial rival en las elecciones de 2020 a cambio de ayuda para sus fuerzas armadas.

Si esto constituye una causa para imputarle “traición, cohecho u otros delitos graves y menos graves”, según la Constitución de los Estados Unidos, es harina de otro costal.

No quiero caer en la trampa de distraerme con los asuntos técnicos sobre los elementos legales del juicio político. Ahora bien, la trampa en la  que definitivamente caigo es en la de detallar la estrategia que Trump utiliza para repeler los ataques del Partido Demócrata y atenuar los golpes de su propio partido.

Este post no es desde la ofensiva ni desde la defensiva, sino desde ambas, al mismo tiempo. Parece contraintuitivo, pero estamos lidiando con Donald Trump, y con él nada es lo que aparenta. 

Asediado por todos los ángulos, ir de frente sería un malgasto de energía y capital político que deben ser lo más prudentemente administrados hasta la contienda de 2020. Y para el presidente, huir de un reto nunca ha sido una opción.  

La posición en la que se encuentra Trump a lo largo de esta pelea –arrinconado y solo entre las cuerdas– exige una gran creatividad para extender el aguante. Los rivales que enfrenta (el Partido Demócrata, varios republicanos y la prensa) son de gran calibre. Pero como todo boxeador que basa su estrategia en un plan de lanzar golpes a mansalva, eventualmente pueden cansarse.

Y a eso es a lo que apuesta Trump, a implementar en la política una estrategia creada  para el Boxeo, nada más y nada menos que por el gran Muhammad Ali, llamada rope-a-dope.

Dejar que el oponente lance sus mejores golpes hasta cansarse; esperar a que de tanto atacar, llegue al punto de agotamiento. Para entonces, bastará con unos cuantos golpes para el nocaut. Sin embargo, la estrategia no puede consistir solamente de permanecer como un maniquí recibiendo golpes; hay que bloquearlos o esquivarlos. Establecer la defensa como ofensiva.

Pese a que la presentación del rope-a-dope fue contra Ron Lyle, cuando mejor Ali demostró la efectividad de su técnica fue en una de las peleas más famosas en la historia boxística: The Rumble in the Jungle.

George Foreman era un campeón temido por toda la división de Peso Pesado, subiendo al cuadrilátero con una medalla de oro que obtuvo en las Olimpiadas de 1968, y una vez dio el salto al profesionalismo, consiguió el nocaut sobre dos peleadores que habían derrotado al propio Ali: Joe Fraizer y Ken Norton.

Todos apostaban a que Ali sería hombre muerto en unos cuantos asaltos. No era para menos; sus 6 pies y 3 pulgadas palidecían frente a la corpulencia de Foreman.

Una vez sonó el primer campanazo, el campeón dominó cómodamente los primero 5 asaltos, golpeando a Ali en los planos bajos, pero fallando aproximadamente la mitad de los golpes lanzados. Mientras tanto, Ali se acomodaba intencionalmente contra las cuerdas, recibiendo un nivel de castigo abrumador, viendo cómo el gigante poco a poco iba jadeando. De tanto golpear al aire, su stamina no pudo con el ritmo del ataque; una vez llegado el 6to asalto, Foreman estaba demasiado exhausto. Su pegada y juventud no pudieron contra la estrategia de Ali, quien se impuso por nocaut en el 8vo asalto.

Desde esa noche de 1974, el rope-a-dope se consagró como una de las técnicas más imitadas en el Boxeo…y según los últimos acontecimientos, Donald Trump parece haberlo incluirlo en su repertorio.

Con solo seguir el desarrollo de la investigación contra el presidente, se nota el patrón de “defensa-ataque” que lleva a cabo el Partido Republicano.

Round 1

Nancy Pelosi anunció que comenzaría una investigación para analizar la posibilidad de llevar a cabo el juicio político contra Trump. Sin tiempo que perder, el portavoz de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, autorizó la aprobación de una Resolución exigiendo la querella del informante.

Y valiéndose de Twitter, Trump lanzó públicamente su primer 1-2. Sin tener que dar cara, sentó las bases para el discurso de la conspiración contra su administración.

Round 2

Comienza la primera ronda de testimonios. El congresista Adam Schiff, presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara  de Representantes citó al director interino de Inteligencia Nacional, Joseph Maguire, a declarar sobre la conversación Trump-Zelensky. Asimismo, surgió que el enviado especial a Ucrania, Kurt Volter, había sido el responsable de conectar al abogado personal de Trump, Rudy Giuliani, con los funcionarios ucranianos que investigarían a Joe Biden y a su hijo.

Poco después se dio a conocer que la querella del infórmate reveló que empleados de la Casa Blanca habían “clasificado” la transcripción de la llamada en un servidor privado.

Trump inició el contraataque durante una conferencia de prensa en la cual estuvo presente el presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, quien no pudo esconder su incomodidad ante el fuego cruzado entre su contraparte estadounidense y los miembros de la prensa.

Donald Trump y presidente de Finlandia, Sauli Niinistö

Donald Trump y presidente de Finlandia, Sauli Niinistö

Mehhh…definitivamente  no fue la mejor respuesta de Trump. La combinación apenas le hizo cosquillas a sus rivales. Pelosi y Schumer seguramente brindaban por su victoria.

Pero Trump iba al desquite. Sabía que las circunstancias lo dejaron demasiado tiempo contra las cuerdas y era necesario un ataque  ara imponer respeto.

¿Y qué mejor lugar para defenderse que uno de sus famosos mítines?

El escenario escogido por Trump fue el estado de Minnesota. Con un fondo lleno de admiradores caucásicos. No solo “Trump, el presidente”, sino también “Trump, el candidato para 2020”, tenía que cumplir dos propósitos: cimentar su liderato con su base de incondicionales y  convencerlos de que la investigación demócrata no es más que una persecución.

Los mítines de Trump pueden ser tan entretenidos como las entrevistas a Muhammad Ali, siempre y cuando elimines la elocuencia de la ecuación. Fue un déjà vu de 2016: Trump soltándose de su correa y atacando a la prensa y a los demócratas de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha.  

Aunque viendo el panorama objetivamente, no hay muchas opciones. La única modalidad que debe tener Trump es la de no mercy. Recordemos que la prensa inicialmente lo vio como una máquina de ratings, por lo que le dieron una cobertura sin precedentes. Pero una vez se percataron de su potencial para ser el nominado por el Partido Republicano, decidieron que había que detenerlo. Como sabemos, fue too little too late.

Rehusando aceptar que el monstruo que crearon en 2016 comenzaba a devorar su autoridad, el cuarto poder inició la campaña para el impeachment de Trump a pocos días de ser juramentado a la presidencia. De modo que Donald sabe muy bien que a estas alturas era do or die.

Y no fue de otra manera. Con una sola frase, el incumbente recogió el sentir de su base:

“Los demócratas buenos para nada y extremistas, se han ido tan lejos que creen que no debería ser un delito cruzar la frontera ilegalmente, y debería ser un delito tener una llamada telefónica totalmente apropiada, casual, hermosa y precisa con un líder extranjero”.

 Sin embargo, el discurso puede comprimirse en tres mensajes:

  1. Patriotismo no es traición – Sus actos no constituyen traición, sino que los traidores son los demócratas de la extrema izquierda que favorecen que se filtre información bajo anonimato, y los republicanos que le dieron la espalda a los soldados estadounidenses al enviarlos a una guerra que no es de los Estados Unidos (aquí le lanzó un jab a un supuesto aliado en el Congreso, Lindsey Graham).

  2. Todo es una estrategia del “pantano” de Washington, D.C. y del deep state – Según Trump, todo es una conspiración entre demócratas y burócratas con la intención de derrocar su gobierno. Si has visto la serie Scandal, esencialmente está insinuando que hay un “B613” actuando en su contra.

  3. Los demócratas no sirven para nada – Esta es mi preferida, porque revivió una estrategia de hace 70 años, cuando el entonces presidente, Harry S. Truman, era candidato para los comicios de 1948.

    Truman corrió su campaña denunciando obstrucción en el Congreso, que era dominado por el Partido Republicano, al cual bautizó como el Do-nothing Congress. En lugar de defender su gestión como presidente, atacó a quienes paralizaban sus iniciativas para extender beneficios a la ciudadanía. La estrategia produjo uno de los resultados más inesperados en la historia electoral de los Estados Unidos, prevaleciendo Truman contra todo pronóstico.

Do Nothing Democrats.jpg

Chuck y Nancy vieron que Trump seguía en la pelea.

Round 3

Lo que dijo en su rally, lo hizo desde su escritorio. Trump ordenó el retiro de las tropas  estadounidenses en Siria.

Ahora los golpes no solo venían desde sus rivales demócratas, sino de sus partidarios, quienes en su eterno romance con la industria militar, tenían que decir algo para congraciar$e con sus donantes. Por otro lado, la exembajadora en Ucrania, Marie Yovanovitch; el enviado a la Unión Europea, Gordon Sonland; y Fiona Hill, oficial de seguridad nacional,  cooperaban con la  investigación acerca de la influencia que pudo haber ejercido el abogado personal de Trump, Rudolph Giuliani, sobre el gobierno ucraniano.

Pelosi aprovechó el momentum y logró que la Cámara de Representantes aprobara una Resolución –con el voto de más de 100 republicanos– para oponerse a la determinación del presidente. Trump la invitó a ella y a Schumer a una reunión cuyo desenlace es un he said, she said, con Pelosi acusando a Trump de llamarla una “política de tercera” y Trump señalándola como irrespetuosa.

La política es percepción y quien conecta primero, conecta 2 veces. Trump fue más rápido.

Mientras tanto, en el Partido Republicano se fraguaba una pequeña resistencia a la decisión de Trump en torno a Siria. Uno de los pocos que decidió dar la cara por el establishment del GOP fue Mitt Romney, cuya relación con Trump ha sido tumultuosa desde el principio.

Mitt nunca ha sido un rival que le cause preocupación a Donald, y así lo demostró. Con una sola combinación, hubo que sacarlo en camilla del cuadrilátero.

La fatiga comenzaba a apoderarse de los demócratas. La prensa no encontraba cómo detener la narrativa sobre la conspiración, y los republicanos no parecían tener otra opción que no fuese hacerle coro al presidente.

Round 4

A estas alturas de la pelea, se esperaría que quien ataque a Trump sea alguien de la oposición.

No, quien tiró el golpe inesperado –el que usualmente noquea– fue el propio Chief of Staff de la Casa Blanca, Mick Mulvaney.

Acting White House Chief of Staff Mick Mulvaney defends President Trump's decision to withhold military aid to Ukraine pending an investigation of Democrats, saying, "We do that all the time with foreign policy." Full video here: https://www.c-span.org/video/?c4823205/mick-mulvaney-defends-withholding-military-aid-ukraine

Hay una frase de Mulvaney que puede condenar o exonerar a Trump:

“Supérenlo. Habrá influencia política en la política exterior. Eso va a suceder. Las elecciones tienen consecuencias”.

Si los republicanos no le dan un spin a las declaraciones de Mulvaney, los demócratas tendrán un buen soundbite durante todo el periodo de investigación en el Congreso. Ahora bien, si el GOP tiene éxito en contextualizar esta conferencia de prensa, podrían defender el argumento de que el dinero fue aguantado por la corrupción en Ucrania –incluyendo las andanzas de Hunter Biden y Burisma Holdings– y que los quid pro quo son parte esencial de la filosofía estadounidense sobre la diplomacia.

Como le sucedió a Muhammad Ali en su pelea con Foreman, Trump perdió claramente el 4to asalto, pero con la convicción de que aún le quedaba tiempo y aire suficiente en los pulmones como para ripostar.

Round 5

Bill Taylor, embajador de Estados Unidos en Ucrania, compareció a una deposición que duró aproximadamente 10 horas, confirmando la intención de Trump de presionar a Zelenski para obtener sucio de Joe y Hunter Biden.

A su  vez, Laura Cooper, del Departamento de Defensa, igualmente fue citada para declarar. Sin embargo, los refuerzos republicanos le dieron un segundo respiro a Trump. Liderada por el representante de Florida, Matt Gaetz, un grupo de congresistas realizó una conferencia de prensa justo al otro lado de la oficina en la cual se llevaba a cabo la deposición.

La teoría de conspiración ahora tiene una compañera: la teoría del coup. El Partido Republicano ahora no solo acusa a los demócratas de minar  la credibilidad de Trump, sino también de removerlo mediante un Golpe de Estado.

El aliado floridiano de Trump siguió el jab con un derechazo directo a la mandíbula de la delegación demócrata: una querella ética contra Adam Schiff, cuestionando el manejo de la Comisión de Inteligencia en la investigación.

Independientemente de la mínima –o ninguna– repercusión legal que pueda tener, el contragolpe republicano tuvo el efecto mediático deseado. Los republicanos proyectaron que estaban alineados con su presidente contra todo ataque.

Round 6

El teniente coronel y miembro del Consejo de Seguridad Nacional, Alexander Vindman, ofreció un testimonio aparentemente demoledor, que expuso en detalle la llamada Trump-Zelenski, ya que tuvo la oportunidad de escucharla en tiempo real. Más aún,  los demócratas que estuvieron ante Vindman, aseguran que sus declaraciones concuerdan con lo que habían declarado Bill Taylor y Fiona Hill.

Trump descargó en contra del nuevo cooperador, acusándolo de formar parte del movimiento Never Trump, y tildando la investigación de “cacería de brujas”.

Este golpe de Trump, más allá de ser una acusación, desató una narrativa derivada del nacionalismo clásico que vive Estados Unidos desde 2016: al ser ucraniano, la lealtad de Vindman es cuestionable.

Sería un tanto absurdo pensar que la ascendencia de Vindman juega algún rol en la denuncia contra Trump; el teniente coronel solo tenía 3 años de edad cuando abandonó Kiev. No obstante, el equipo de Donald tuvo éxito en desviar la atención de la investigación congresional hacia las potenciales vulnerabilidades en las agencias dedicadas a la seguridad nacional.

Round 7

Pelosi, sabiendo que la opinión pública a su favor iba perdiendo al aire, decidió ir en una ofensiva cautelosa.

Con una votación de 232 a favor y 196 en contra, la Cámara de Representantes dio paso a que se establecieran las reglas que deberán seguirse para el resto del proceso investigativo.

Si nos dejamos llevar por el ruido que generó la noticia, fácilmente creeríamos que comenzó el impeachment.

Al  final, no es más que un juego de palabras. Mientras continúen utilizando el término “investigación” como preámbulo al juicio político, se entiende que los demócratas simplemente están comprando tiempo, esperando tener evidencia que despeje cualquier duda de que Trump merezca ser destituido del Despacho Oval.

Como Foreman, los pulmones demócratas están fallando, y Trump se dio cuenta.

Pese a los crecientes números en apoyo a que Trump sea investigado (cuidado, la encuesta es sobre la “investigación”, no sobre el impeachment), la teoría golpista cobró todavía más fuerza entre la base republicana, que está furiosamente apoyando a su candidato.

El crossover

Para las generaciones recientes, el combate entre Floyd Mayweather vs Conor McGregor representa el primer maridaje entre el Boxeo y otra disciplina de combate. Pero Ali no solo fue un genio dentro del ámbito boxístico, sino que logró exportar su imagen hacia dimensiones hasta el momento desconocidas, dejando un legado que trasciende el pugilismo.

En un megaevento que tuvo lugar  en Tokio, el 26 de junio de 1976, Ali se enfrentó al campeón de lucha libre, Antonio Inoki. Como era de esperarse, el “combate” fue realmente una exhibición, terminando en un empate que decepcionó a muchos, pero dándole vida al deporte de Artes Marciales Mixtas.

Siguiendo los pasos del llamado Greatest of All Time, Trump decidió probar el efecto de mezclar MMA con política.

Aplaudido por unos, abucheado por otros. La eterna polarización que provoca la imagen de Donald Trump. Lo odies o lo ames, no puedes negar su capacidad de llevar la pelea a cualquier lugar.

Hasta el momento, Trump ha demostrado un buen desplazamiento según avanza la pelea contra el juicio político, y su aguante parece estar intacto.

Estamos de camino al 8vo asalto, en el  cual  Ali finalmente despachó a un Foreman que le aventajaba en fuerza, pero no en estrategia.

¿Podrá Donald Trump hacer lo mismo con sus rivales?

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